El tema para esta nota
surgió en la clase de sociología del viernes 19/6 cuando, en ésta, hubo un
confrontamiento entre dos posiciones totalmente opuestas: una de ellas, la
llamada ideología conservadora dominante, que cree, entre otras cosas, en que
somos libres en prácticamente todos los aspectos de la vida; y la otra, que
desafía al anterior modo de pensar mediante el cuestionamiento de sus pilares
ideológicos diciendo que no elegimos nada por nuestra cuenta. Yo trataré de
distanciarme lo más posible para tener una mejor perspectiva de ambos conjuntos
de ideas.
La ideología
conservadora es la actualmente dominante, esto quiere decir, que es lo que nos
quieren hacer pensar en este momento. Ésta nos dice muchas cosas sobre cómo es la
vida, pero me concentraré en, como anteriormente dije, los límites de la libertad que supuestamente
tenemos para nuestras elecciones diarias. Por un lado, podemos pensar que somos
libres de elegir los rumbos que tomamos, como nuestra vocación o incluso
nuestra religión. Pareciera, a simple vista, ser así, pero si nos adentramos en
estos tópicos, podríamos llegar a pensar que nuestros rumbos están
predeterminados por motivos incambiables, como la tradición familiar propia o
mismo el colegio al que somos enviados, que resulta ser una decisión de
nuestros padres y no propiamente nuestra. Estas condiciones predeterminan
nuestro futuro. Si un individuo nace dentro de una familia de clase media
acomodada que lo manda a un colegio bilingüe de alto costo, no le sería
permitido por su familia o incluso él ser basurero o barrendero, trabajos
dignos en los que se cobra menos de lo que salía su colegio secundario; pero
capaz ese mismo individuo en otro ambiente más humilde hubiese sido perfecto
para estos trabajos. Con esto quiero decir que nuestra vocación está
condicionada por el medio en el que nacemos y nos movemos, nos es solo una
elección libre nuestra (obviamente el ambiente no nos da algo preasignado, sino
una serie de posibilidades para que sintamos que estamos eligiendo por nosotros
mismos).
El problema comienza
cuando otro individuo (ustedes ya sabrán) cuestiona este modo de pensar. Como
era esperable, los más files creyentes a la ideología dominante siente miedo
ante la posibilidad de que su pensamiento tan internalizado y representativo de
ellos sea derrumbado como una casita de naipes por esta persona con sus ideales
tan atemorizantes y para ellos, en cierto punto, revolucionarios. Cuando el
desafiante cuestiona la ideología dominante con los argumentos del anterior
párrafo, los demás se ponen a la defensiva o hasta evasiva para omitir estos
duros comentarios. Lo que ocurre es que estos aparentemente ofensivos
comentarios golpean y voltean la subjetividad de los receptores que intentan
por todos sus medios no dejarse llevar por una ideología aparentemente más
lógica que la suya y, de esta forma, no perder una porción de su identidad
conformada, en parte, por esta ideología dominante.
Finalmente, debemos
saber distanciarnos de estas dos ideologías para saber razonarlas objetivamente
y así sacar la mejor conclusión posible; ya que yo no intento promocionar
ninguna de ellas, sino invitarlos a pensar ¿cuál de estas ideologías te
identifica?