El estilo de vida de
los hooligans ingleses es de un hombre común y trabajador, pero que le gusta
emborracharse y pelear por cualquiera que sea el motivo: defenderse del otro
equipo, ganar honor y respeto, etc. Ellos mismos decían “la violencia es nuestro
estilo de vida”, identificándose así como hombres normales adictos a las
trifulcas y distintos actos donde la violencia y/o agresión física estén
presentes.
A diferencia de los
hooligans británicos, los barra bravas argentinos buscan consumar negocios
ilícitos con los clubes mediante amenazas o simplemente la cooperación de sus
dirigentes con la complicidad de la policía y los políticos que hacen poco y
nada por impedir estas redes de delincuencia. Aquí el barra realmente no es
hincha del club del cual dice ser, ya que pretende sacarle dinero en ciertos
delitos que cometen o amenaza a sus dirigentes para conseguir plata para
transporte, drogas, etc.; en cambio, los hooligans eran fervientes defensores
de su equipo y no querían maleficiarlo bajo ningún concepto más que darle mala
reputación al club por sus violentos actos, pero, en realidad, con ellos le
daban mayor prestigio, respeto y reconocimiento a su banda, y, por ende, a su
club. Esto ocurría ya que ellos creían que un club era mejor, no por sus
resultados deportivos, sino por la reputación de su hinchada.
Para finalizar, habría
que pensar si los vínculos políticos ausentes en los hooligans ayudaron a que
sean mayoritariamente erradicados a diferencia del caso en la Argentina.
